lunes, 4 de abril de 2011


Hay una piel pálida, un cabello necio y oscuro, una piel ligeramente resistente y una sed de conocimiento. En pocas palabras es  un cuerpo joven, un cuerpo que lleva menos de dos décadas. Una pérdida joven, con un hambre insaciable por conocer. Como si en su otra vida hubiera sido un sabio, un escritor, un escultor, un sofista quizás. Y en esta vida tuviera que recuperar toda la información, todo el saber que perdió en la transición de vida.
Sofía, se llama, como sabiduría. Es una jovencita malhumorada, como una anciana cascarrabias. Con poca paciencia, cansada de las personas, más de las mujeres y los hombres ni se mencionan. Una joven que finge ser una mujer  mayor, sabia y enferma. Como si la enfermedad que finge pudiera cobrar vida y consumirla por completo. Eso es lo que ella quisiera, ser consumida, si quiera por una enfermedad. Porque ella sabe que en esta vida no tiene nada que esperar más que absorber la sabiduría que perdió. La fe no la conoce, la comodidad mucho menos y cuando mencionan ese extraño fenómeno que muchos le dicen amor, ella contesta; ‘je ne sais pas’.
A Sofía le gustan muchas cosas, costumbres y pensamientos. A Sofía le gusta embriagarse, drogarse y enfermarse, como para poder sentir que muere. Como si fuera el único placer que pudiera sentir en esta vida, ni el sexo le provoca placer. Los cigarrillos que se fuma cada vez que inhala para vivir, no le provocan placer. Solo  fuma para sacar un poco de vida en cada exhalar. A ella solo le gusta el vicio, el placer y la muerte.
Ella esta poseída, poseída por un alma vieja.

lunes, 7 de marzo de 2011


Como a eso de las (inserte hora aquí) de la mañana

A penas puedo ver con claridad, es como si mientras caminaras tu silueta se fuera desmoronando y simultáneamente se mezclara con la loseta. Y unos cuantos cabellos vuelan. Por primera vez no tengo frio, y es grato. Porque soy una friolenta, una empalagosa que le gusta acurrucarse hasta quererse sacudir las ganas de vivir. Y entonces nos abrazamos. Escrudiñamos cada imperfección de nuestras manos, con nuestros dientes. Como si la vida dependiera del mordisqueo.  
Unas manos poseídas se escapan por ahí, y juegan con la densidad de tu ser. Con lo pesado que pueden ser tantas cosas, aun así me gusta jugar con ellas. Unos labios furtivos se avecinan, con un tibio aliento perfumado en alcohol. Un alcohol barato, juguetón y sabroso. Y por ahí, en la penumbra de la noche, por arriba de las cobijas, se encuentran estos con los míos, jugamos un rato. Un rato más. Un rato más. Y después amanece.

-          Tienes uno, dos, tres, cuatro, cinco, mil.
-          Mi mamá también los tiene.
-          Es como si tuvieran una cubeta de lunares y te los hubieran aventado a los labios.

(Silencio, pienso)
Entonces, ahí es cuando exploto por dentro.

jueves, 3 de marzo de 2011


¿Y si te dejo ir?
Siempre me encuentro en mi cama, tirada y llena de lágrimas. Observando el techo, como reconstruyendo imágenes, de lo que alguna vez fuimos. Con un aroma que se escapa de por ahí, quien sabe de dónde. Pero es un aroma que ya conozco, un aroma insulso y dulzón. Que se me había aferrado a los vellitos de la nariz. Tan pegado en mi cerebro que ni raspándolo se sacaría. Es un aroma que de vez en vez, lo olfateo en extraños, lo huelo en lugares bizarros y a veces cuando la noche me abraza para entregarme a los brazos de Morfeo, me enjaula y no me deja pegar los parpados por horas. Recordando [ re – cordis ] lo que alguna vez se me escapo de entre los dedos.

miércoles, 23 de febrero de 2011

I know it's been a while. I know i may forgot you somewhere in my unconciousness. But you're still somewhat in my same rotting hole.

jueves, 9 de diciembre de 2010


I guess it’s just one of those days, you know? Like, you woke up feeling meaningless and utterly alone. It’s like you’re watching how people just walk by doing their daily routine, living their miserable life’s, counting until their very last day. In some way you can feel like you’re watching them from far away, like you’re some kind of public, and they’re just acting for you. And it just seems like you’re not part of them, you are just here to exist. Like, you’re just staring at those characters called family, friends, community, just being they. Not involved in your existence. And you’re just sick, sick to the bones, but you can’t get enough of this sickness. Because you want to rot in your sickness, you feel like throwing everything you ever built, if there was something, and you want to disappear, for good.
Then you feel some pounding in your ribcage, there’s some tickling in your head, bursting ideas of rage and you feel an uncertainty that you just can’t get rid of. Is there anyone? Somebody to care, someone that can lick some old wounds, and appreciate an old soul. And you just watch other people that don’t deserve this type of appreciation.
After all this feelings and thoughts, you may feel tired. Like you just want to sit somewhere and melt and drain all that sickness away. There may be a place where you can rest and stay still for a while, from all that noise. You want to rest your dreary eyes, close them for some time, rest your hands from all that filthy surfaces that they have to touch and embrace for a living.
You’re just bored. And you’ll be bored after you’re dead. Nothing’s amusing, or interesting, everything seems so meaningless.
And you just can’t relate with the whole percentage of humanity. That’s a fact, you are nothing.

domingo, 21 de noviembre de 2010


Las calles se empapan y se hinchan de porosas ideas que se escurren de entre las nubes.  Los ojos de muchos chorrean en recuerdo de otros tiempos. Con las ventanas cerradas  y los harapos más calientes, me siento en el diván. Observando con atención cómo golpean el cristal esas pequeñas que escapaban del universo para caer ante mis ojos. Mirando el cristal empañado noto un desliz entre la perfección de las gotas.  Una gota más dura que las demás, una sobresaliente que se abre camino entra las otras más blandas y suavecitas. Con un destello en particular que al chocar contra el cristal se escucha un sonido uniforme a diferencia de las demás. Y se abalanza contra el piso sosteniéndose del cristal, para al final reunirse en la alberca de sus hermanas que se amontonan en el riel de la ventana. Al quedarme idiotizada viendo esto me doy cuenta de una cosa, un detalle insignificante. El estar sentada ahí saboreando el espectáculo que se aparecía en mi ventana, me hizo notar la insignificancia de mi diminuta vida. Yo podría ser una gota que se dirige al fin de su pequeña y redonda existencia. Algún día me estrellare contra la realidad de otro ente. Y probablemente divago, divago y divago en el rincón de mis pensamientos, pero no hay duda que todos sentimos ése vértigo de ir en bajada, a toda velocidad con otras pequeñas a tu alrededor jugando quien llegará más rápido al fin. Con gotas diminutas y saladas que brotan de tus ojos  para enjugar tus mejillas en un sabor melancólico. Con esa concepción en la cabeza revoloteando por ahí, brincando en tus sienes y abriéndose camino por tu boca, dejando lugar a  un sollozo largo y  frío. Una aflicción apretándote las costillas hasta romperlas y juras sentir como el corazón se detiene por un momento de ésta angustia que te atormenta. A sabiendas de tu ingrata existencia te levantas y te diriges a fumarte un cigarrillo. Lo saboreas, lo consumes hasta que no queda más que el filtro. Das vueltas y vueltas, por tu pequeña vivienda, pero sabes que no hay un no por respuesta a tu concepto. Gotitas, gotitas, somos más que gotitas.