The one I loved and cherished is dead. She’s buried or cremated in the hands of the most repulsive being that I’ve ever coped with. In a manner of speaking, my ex lover is lying on the hands of death itself. I guess I’m glad she died, in that way I don’t have to actually grieve the loss of my former girlfriend. As I might have to explain, knowing that someone you actually loved and was a person that you basked in happiness is actually stagnant water makes you feel a whole lot less sad.
I yearn those days that expiry wasn’t in sight; being hold by her was one of the most splendid things I’ve felt.
At the end it happened what I most feared, the day was absorbed by darkness and my lover on her confusion tagged her file as ‘felo-de-se’.
miércoles, 30 de enero de 2013
I like it when you say that you love me
The ataraxis in this insignificant life is finally disclosed; she’d corrupted the core that was constantly rebuilding itself with any stimuli that wanted to leak it. Her voice makes me tremble and shiver in glee whenever I hear it; it’s that sound, that tone and pace that lifts me up when falling into a down whirl of rubbish.
It sort of feels like burning when her fingertips slide into my thighs, like I want to be incinerated and never get back to life, because somehow I found happiness in this mess. It just feels like the right thing, the right moment, the right person to be with, no matter how hard it can be. For the very first time in my meaningless life I think I reached what I call happiness.
It sort of feels like burning when her fingertips slide into my thighs, like I want to be incinerated and never get back to life, because somehow I found happiness in this mess. It just feels like the right thing, the right moment, the right person to be with, no matter how hard it can be. For the very first time in my meaningless life I think I reached what I call happiness.
miércoles, 10 de octubre de 2012
Septiembre agridulce
Veinticuatro de septiembre, a las diez y media (en
adelante).
Ya habíamos dado muchas vueltas, mi gasolina era poca y me
daba mucha vergüenza comentarlo. Al fin, decidiste orillarte y decirme que el
lugar estaba perdido por ahí y lo más sensato sería regresar al lugar en el que
vivías.
Estaba sentada en la computadora, asqueada del tedio diario
y de los amigos famélicos, te escribí por la computadora (suena vago y ridículo). Tecleando cada letra, resintiendo lo pasado, saboreando lo añorado, creciste,
creciste, creciste y al fin te escribí. Tardaste en contestar y me puse
muy nerviosa. La misma sintaxis de siempre, construcción sin igual, aislado,
típico, señero y coqueto.
Conduje con un remolino en el estómago, las palmas sudadas y
los labios empapados. Las imágenes son vagas y turbias, pero lo que recuerdo me
enardece. Consecuentemente repasaba las fotografías de tu cara limpia y
hermosa, para recordarme la razón de ir ahí. Compré las cervezas porque siempre
creí deberte muchas cosas y quería lucirme con mi nuevo-viejo trabajo. Más
remolinos, más sudor, más empapados, más asco, más entraña. Entrando me
mostraste el lugar, frío y lúgubre. Nunca te imaginé viviendo en un lugar así,
me señalaste la cocina y la “sala” con una sonrisa angustiosa. Al menos sabía
que no era la única devorada por los nervios.
Después de pláticas
confusas y seculares, al fin decidimos vernos. El camino hacia Otay es muy
confuso y realmente no recuerdo bien el
pre-preparativo-de-la-noche-del-veinticuatro. Sólo recuerdo consejos de G, diciéndome
las razones por las cuales no debía verte. Indudables, indiscutibles, pero aún
así no vacilé esa noche. M hablaba de lo bueno de no tener que llevar
preservativos y eso me ponía más nerviosa porque yo no pensaba en situaciones
de ese tipo. Exaltada, me atropellaba los pies el mismo desasosiego, me fumaba
un cigarro, tras otro, tras otro, tras otro. Busqué el perfume de mis
diecisiete, busqué un peinado bonito, busqué un labial adecuado, maquillaje
coqueto, algo que las peripecias de mi cuerpo me dejaran usar.
Estúpida, estúpida, estúpida, no dejaba de hablar de las
mismas estupideces de la escuela, de mí, de la escuela, de la escuela, del
trabajo, de muchas estupideces. Pero no podía dejar de verte, hermosa como
siempre. Hablaba y las palabras se tropezaban en mi garganta, haciendo nudos en
mi lengua, demorando mi respiración, trastabillando cada latido y con un tifón
en el estómago. No quería parpadear para no dejar de ver tus ojos abiertos,
medio somnolientos pero igual de magnéticos que siempre. Tus labios pintados
rubí, con los bordes despintados por el saboreo de la cerveza. En algún momento
dejaste de hablar, cuando te dejé hacerlo, y nos quedamos viendo con las
narices bien cerca y tu aroma impregnando mi ropa.
Pensé que iba tarde como siempre, aceleré hasta que mi carro
cascabeleó. Miraba el reloj, 5 minutos tarde, 10 minutos tarde, cuando llegué
te busqué en el estacionamiento, no estabas. Te marqué y nunca supe dónde
estabas. Intenté engañarme y escuchar música para distraer mi cabeza y mi
estómago. Nunca engañe a ninguno de los dos porque las nauseas me mataban y la
cabeza me estallaba. No podía dejar de olfatearme, de peinarme y peinarme,
retoqué más de quince veces mi maquillaje pero no lograba verme perfecta. De
pronto te vi, estabas al lado de mí, con una sonrisa a boca cerrada. Sentí como
mis pupilas se dilataban y mis hombros se relajaban. Rebusqué y rebusqué pero
nunca encontré la razón cuando te dejé ese verano a mis diecisiete.
(La pesadez se me ha
escurrido por las noches, las noches en que no estábamos, ya no soy la de antes
y tú tampoco, hay que dejar vivir a los monstruos que poseen nuestros cuerpos)
Te amo, A.
martes, 22 de noviembre de 2011
This heart tastes vinegary
I’m lying in bed and I feel your latency. Somehow, you carved your name in my core and you engraved your fingerprints in my hands. If I look up, all I see are your freckles like a solar stain in my pupils. Is like lucidity is slowly drifting away with the hours spent which now are discolorations or blisters in the room. I’m being bombarded with replicas, voices and emanations. There’s this grief-stricken look that I cannot get rid off and the sickness that my body carries is imperceptibly disgorging my soul out. And just when I think that I’m breaking through the twinge an ambrosial aroma bashes me until I hit rock bottom.
jueves, 13 de octubre de 2011
Vámonos
Ya han pasado años después de tanto dolor. El dolor que laceraba mi diminuto cuerpo hasta llegar a mi corazón y desarmarlo, para acunarlo y sutilmente sedarlo. Cuándo yo le decía a ella que la amaba, que no importaba cuantas pastillas necesitaba para vivir o cuantas veces intentaría lanzarse del tercer piso, yo la seguiría adorando. El problema era que nunca tomó en cuenta lo que le decía, nunca le importó enteramente lo que Carolina de cinco años podía opinar. ¿Qué tanto amor podría dar una niña de cinco años?
A medida que el tiempo transcurría y se deslizaba de mis crecientes palmas, sentía como no necesitaba decirle que yo estaba ahí para ella. Y poco a poco se fue escurriendo de entre mis dedos, hasta que un día no tan frío ella se fue. Sé que no es fácil recordar promesas, pero duele que no las cumplan. Ella prometió ayudarme con mi carrera, con mis hijos y probables terapias. Cuando se fue pensé que me visitaría más seguido en mis sueños. Creo que olvidó por completo a uno de sus hijos. Mientras la morena se peinaba, yo intentaba ayudarlos a todos. Anestesiar heridas que pudieron tener, dolores que les afligiesen, o tal vez ropa sucia que lavar. Pero de cualquier forma, ella se fue, la pelirroja se fue sin contar todas las manchitas, sin decirle por última vez cuanto la amaba y sentir al fin su último rechazo.
Ahora que te tengo a ti, un pequeño huracán. No entiendo como no pueden amarte y decirte lo que en realidad necesitas escuchar. Al hablar se envuelve un velo de anomalías que revuelan en tu lengua, convirtiéndola en un simple gas. Nada traspasa el velo, nada traspasa el velo que he creado. Un velo que sella mi contacto con el exterior, y en este capullo sólo existimos. Y si llegamos a morir, sería simplemente justo y exacto.
Al hablar del supuesto afecto, solo es inmundicia. ¿Cómo puedo decirlo todo?
Al hablar del supuesto afecto, solo es inmundicia. ¿Cómo puedo decirlo todo?
Hablando de la misma madurez, soy la misma. Soy la misma persona intentando decir lo que siente, acompañada de un compás de comentarios ásperos y sin sentido.
N o p u e d o.
¿Y si nos vamos?
Antes de que me dejes, igual que ella.
Soñé que te escondía bajo mis sábanas
12:38 a.m.
El somnoliento humor se escurría de entre tus labios, con un aliento tardo y obtuso. Recordando tus manías te quise olvidar. Olvidando el olvidado olvido, el repugnante o l v i d o.
2:03 a.m.
Cuando desperté vi el contorno de tus ojos dibujado en mis sabanas, resguardado en el lado frío de mi cama. En la penumbra te observé y minuciosamente estudié tus osadas manchas del sol, con formas sugestivas. Intentando conciliar el sueño, pensé en ti de nuevo.
7:32 a.m.
Desperté y aún te veía.
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